¡Buenos días, comunidad educativa! Hoy
vamos a presentar una estrategia de resolución de problemas que puede ser
trabajada en el aula.
La resolución de problemas constituye una
habilidad que puede ser empleada en muchas esferas de la vida. La multitud de
situaciones y conflictos que se nos pueden plantear en el día a día es
tan diversa, que es inútil enseñar a los jóvenes a aplicar procedimientos de
forma mecánica ante problemas concretos de la vida cotidiana. Por ello, debemos
mostrarles cómo resolver problemas en un sentido amplio, facilitándole
heurísticos que puedan emplear independientemente del tipo de problema que
enfrenten, incluso si este no es estrictamente académico.
Uno de los procedimientos generales de
resolución de conflictos es el planteado por John D. Bransford y Barry S. Stein
(1993), conocido por el acrónimo IDEAR:
I: Identificar problemas y
oportunidades: Lo primero que se debe hacer es asumir los problemas que se
nos presenten en la vida como una oportunidad para pensar formas de resolución
directas e indirectas del mismo.
D: Definir las metas y
representar el problema: El siguiente paso es llegar a comprender el
problema de forma operativa, estableciendo los objetivos y metas que pretendemos
alcanzar. Una forma de fomentar esto en el aula pasa por la práctica de la
siguiente lista de habilidades:
a. Reconocimiento y categorización de distintos problemas.
b. Representación de un problema en distintas modalidades.
c. Discriminar entre la información relevante e irrelevante de un problema.
d. Trabajar a partir de ejemplos resueltos.
E: Explorar las
estrategias posibles: Cuando tenemos un algoritmo claro para resolver un
problema, lo aplicaremos de forma automática, pero no siempre disponemos de él.
En otras ocasiones habrá que recurrir a heurísticos o estrategias, donde entra
en juego la creatividad e innovación de cada uno.
A: Anticipar
resultados y actuar: No debemos de subestimar la importancia de esta etapa,
y es que muchas veces somos capaces de probar nuestras posibles estrategias de
resolución mentalmente. De esta forma podemos anticipar posibles problemas que
surgirían en la aplicación y evitarlos. Tras esta fase de prueba mental,
pasaríamos a llevarlo a cabo.
R: Retroceder y
aprender: Toda estrategia de resolución debe de tener un componente de
regulación final. Es decir, una vez hemos actuado debemos de ser capaces de
evaluar los resultados que hemos obtenido y valorar si eran los esperados. En
caso contrario, deberíamos revisar el procedimiento de resolución de problemas
hasta identificar el paso en el que se ha originado el problema y corregirlo.
¡Os animamos a compartir estas estrategias con vuestro alumnado en las
horas de tutoría!
Bransford, J. D. y Stein, B. S. (1993). The ideal problem solver. Nueva York: Freeman.
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